Obdulio Duparol

 

A los suspicaces les advierto que aquí no voy a hacer referencia a ningún político de la Capital del Sol. Este texto tiene que ver con el mismísimo Alphonse Gabriel Capone, a quien la inmensa mayoría de los mortales no conoce por ese extenso nombre, sino por el más sintético y popular Al Capone. De modo que, si esperaban otra cosa, sorry.

Casi todo el mundo ha visto películas sobre las hazañas gansteriles de Capone en Chicago. El hombre alcanzó notoriedad durante los años 20 del siglo pasado. Era la época de la llamada Ley Seca, un período que, paradójicamente, remojó en whisky y billetes las arcas de los mafiosos. Pero lo que muchos no saben es que el mítico gánster tuvo una lujosa residencia aquí mismito, en Miami.

La casita de marras está ubicada en la exclusivísima Palm Island, una de las islas artificiales de Miami Beach, y tiene dos pisos, nueve dormitorios, seis baños y dos medios baños. Pues resulta que alguien con mucha plata quiere demolerla para construir una moderna residencia, también de dos pisos, pero con ocho dormitorios, ocho baños, un jacuzzi, un spa y una sauna. Definitivamente, hay gente que disfruta gastando agua en esta ciudad.

El Mucha-Plata antes mencionado argumenta que la mansión, construida en 1922, tiene escaso valor arquitectónico porque ha sido remodelada y ampliada desde que el capo la compró en 1928. Sin embargo, la Junta de Preservación Histórica de Miami Beach ha dicho que de eso nada, que la guarida sureña del mafioso es parte del patrimonio de la ciudad y no se toca.

En ese estira-y-encoje andan ambas partes. Pero me atrevo a asegurar que al final la Junta se saldrá con la suya por dos razones. La primera, que la mansión tiene un atractivo turístico de cierta importancia y eso siempre genera plata. ¿La segunda? A nadie en su sano juicio se le ocurriría profanar el lugar en que el viejo Al murió en 1947.

Me imagino al fantasma de Capone salir, ametralladora en mano, a enfrentarse a los invasores al grito de “GET THE F*CK OUT OF HERE!” El correcorre sería espectacular.

Yo no me lo perdería por nada del mundo.