Eduardo Triana

 

«Quiero ir a Bayamo de noche, a pasear por sus calles en coche…” Maestro, yo nunca fui un bailador de primera clase, más bien del montón. Incluso en la época de esta gran melodía suya, apenas escuchaba música cubana. Las emisoras «W» del sur de la Florida cubrían casi todo mi repertorio de gustos. En una celebración de fin de año, tuve la oportunidad de constatar la calidad de su trabajo a través de un disco del propio anfitrión. Gracias a usted, esa noche regresé un poco a mis raíces. No puedo decir que hoy sea sonero, salsero o rumbero, pero sí me atrevo asegurarle que fue usted quien me hizo prestarle más atención a la buena música, a cualquier ritmo y modalidad, siempre que fuera buena y la de usted lo es. Vaya ahora a reunirse con tantas otras glorias de la cultura cubana, caballero. Lo deben estar esperando todos para cantar juntos sus extraordinarias piezas. De paso, dígale a Formell que algunas de sus temas lograron también pasar la barrera de mi intolerancia, en aquella época de fiestas de quince de blanquitos de provincia, donde sólo se ponía música americana.