Aloyma Ravelo

 

Hoy voy a escarbar en un tema muy peliagudo y, a mi juicio, sin mucha base científica, pero de todo hay que hablar en asuntos de sexualidad, y las claves, las certidumbres o las negaciones se las dejo a los lectores que tienen sus propias experiencias y creencias sobre comportamientos humanos.

Lo más humanista y certero que tiene la sexualidad es que todo el mundo puede y sabe opinar.

Así que partimos de una interrogante: Existen muchas personas que son infieles, pero ¿sabías que la infidelidad femenina podría ser causada por la genética? ¿De dónde sale tal afirmación?

Según una investigación realizada por el psicólogo Brendan P. Zietsch, de la Universidad de Queensland en Australia, las mujeres que son infieles a sus parejas es debido a sus genes.

¿Qué tenemos las mujeres en nuestros genes para hacer realidad una conducta siempre condenada desde lo social y desde el machismo? Parece un poco loca esta afirmación.

Analicemos otras miradas sobre el tema.

En promedio, las estadísticas de infidelidad aseguran que el 60% de los hombres son infieles frente al 40% de las mujeres que siguen sus pasos. Tales cifras cuestionan la infidelidad genética ya que, históricamente, los hombres siempre han tenido más licencias, derechos otorgados por la falosociedad, y desde lo cultural, se ha visto hasta como normal la infidelidad masculina.

Sin embargo, en el mundo occidental, cada país marca su ruta en ese camino. De acuerdo a un estudio sobre conductas y preferencias sexuales de usuarios de Internet en España, las mujeres son más infieles que los hombres (50% frente al 44%). Razones, montones. Sobre todo, relacionadas con el mundo afectivo y comunicacional.

También se supo gracias a esa investigación que las mujeres son más apasionadas: un 65% exterioriza las emociones en el momento del clímax, frente a un 27% de los hombres que en su mayoría prefieren tragar en seco, y no revelar ese fabuloso momento de la llegada del orgasmo.

Generalmente se cree que para sentir máximo placer hay que realizar ciertas manifestaciones físicas, que son “señales” de un orgasmo, y mientras más aparatoso sean los gestos y gemidos, más hondo y explosivo resulta el clímax. Sin embargo, esto es un mito.

Muchas personas pueden tener sensaciones increíbles sin pronunciar gemido ni hacer aspaviento.

Esta creencia de mientras más se alborote, más sabroso ha sido el encuentro, hace que mucha gente acuda a manifestaciones conocidas, como gritar y manotear, haciendo un show teatral, para salir de un momento de intimidad en el que quizá no quieren estar.

Y volviendo al tema que nos ocupa, otros estudios sitúan la infidelidad femenina entre el 45 y 55% de casos. Por supuesto, seguimos hablando del mundo occidental.

Hablando en plata, es bastante difícil verificar la autenticidad de estas cifras, ya que mucha gente

miente cuando es encuestada. Por otra parte, a innumerables personas de los dos sexos no les gusta hablar o decir públicamente cuestiones relacionadas con su sexualidad, no obstante le aseguren que su identidad será preservada.

De todas formas, el liberalismo sexual, la independencia femenina y los grandes golpes propinados al machismo en los últimos años, van demostrando lo que afirma la psicóloga estadounidense Joy Davidson. Ella reconoce y yo así lo creo también, que la mayoría de los estudios e investigaciones sobre los niveles de infidelidad demuestran que han aumentado considerablemente, a pesar del hecho de que el 90% de las personas dice creer que siempre está mal.

Así las cosas, como dice el viejo adagio: saque usted sus propias conclusiones.