Hablando de la Familia

Nos encontrábamos mi esposa y yo en el Hotel Lloret, ahí mismo al comienzo de La Rambla, en Barcelona, y salimos a caminar Rambla abajo hacia el puerto, y como a unos 300 metros de nuestro andar dimos con “Mercat”, el popular “Mercado de San José”, imponente por su colorido, variedad y belleza. Ahí se vende ¡De todo! En su borde izquierdo toda una calle con restaurantes al aire libre, con platos de mariscos y demás, y noté que venía andando un africano de alta estatura, vestido con bello ropaje típico de su nación. Dándose cuenta de mi interés, el colorido personaje se me acerca -¡Hola!- le saludo señalando sus ropas- ¡Bella vestimenta! -¿De dónde eres?- le pregunto. -¡De Nigeria!- me responde con ese acento castellano tan característico de las españas -¡Ah, eres yoruba!- exclamo con entusiasmo: Yo era director de películas de dibujos animados y años atrás había hecho en Cuba, “OSAIN”, una historia sobre la deidad del panteón yoruba, “Orishas” del África nigeriana. La película, con danzas y canciones tradicionales de esa cultura la realicé en lengua yoruba para darle más autencidad, por tanto, había aprendido y recordaba muchas palabras de ese idioma, así que, para sorprender al nigeriano le dije en yoruba: –Awe bele benin obleo– Para mi sorpresa, me respondió: –Bele benin oblé– y con cara de asombro me espetó: -¡Hablas yoruba!- sonreí ante su sorpresa y le hablé del “Osain” por mí realizado, y que meses después mi esposa había tenido gemelos: –Omó ibeyis doun meebé– le dije en yoruba, y soltó una sonrisa diciendo en su castellano: -Mi esposa en Nigeria también tuvo gemelos y yo vendo artesanía para enviar dinero a mi familia- en eso, el africano abre los ojos preocupado y escucho voces a mis espaldas: -¡Sabes que no puedes vender aquí en el “Mercat”!- me viro y veo a dos policias “mossos d’esquadra” en sus uniformes azul-amarillo. Mi reacción fue inmediata: -Él no está vendiendo nada, estamos hablando de la familia- y me viré al africano diciéndole en yoruba –Omó ibeyis beren dere nya– los mossos pusieron cara de asombro y el nigeriano me dijo: -Omó ibeyis alatanya iró panya eré- los mossos se miraron entre sí, encogieron sus hombros y se marcharon. -¡Eres un buen hombre!- me dijo sacando un pequeño elefantito de sus ropajes -¡Tómalo como un regalo- Yo me negué pero él insistió sacando una pulcerita que me ofreció -¡Para tus hijos- me dijo -¡No, no!- me negué a aceptarlo -Eso es lo que vendes, te perjudicas si me lo regalas, pero ante su insistencia tomé ambas cosas y mi esposa las guardó. Metí la mano en mi bolsillo, saqué un billete de 10 euros y se lo di -Toma, para tu familia- El hombre lo aceptó agradecido y nos despedimos. Ya alejados mi esposa me miró sonriendo, y dijo: -¡Te vendió!- ahí desperté del encanto -¿Cómo?- me eché a reir -¡Ja, ja, es cierto, me vendió!- y ella agregó -¿Viste? ese era su propósito, venderte!- y con esas últimas palabras seguimos alegremente nuestro camino Rambla abajo.