Meteorología

Hernán H

Ahora que estamos en la temporada ciclónica acá en el “Trópico de Cáncer”, desde el primero de junio al final del mes de noviembre, me viene a la mente una de mis vivencias.

Resultó que allá por el año 1971 nuestro Departamento de Dibujos Animados ICAIC (por ese entonces) estaba dedicado a la producción de cortos animados didácticos, y a petición de la Defensa Civil del país, la dirección del ICAIC me encargó la realización de un filme animado sobre las medidas a tomar cuando nos atacaba un ciclón. Me puse a la tarea. Y así, inicié, preparé y realicé mi filme didáctico animado titulado: HURACANES.

Como dato curioso quiero explicar que la palabra “huracán” viene de “Fura-Can” en lengua arawaka hablada por los taínos del Caribe. Esa palabra, de origen onomatopéyico, está compuesta por dos partes, que son: “fura”, que significa “viento”, y “can”, que significa “fuerte”, o sea; “viento-fuerte”.

Está claro que, para empezar, yo primero tenía que buscar información, y para ello me dirigí al Instituto de Meteorología, u Observatorio Nacional, como antes se llamaba, y que siempre ha estado ahí, más allá del canal de la Bahía de La Habana, que para cruzarlo se utiliza una de las dos líneas de lanchitas que dan ese servicio. Meteorología está situada en lo más alto del promontorio de Casablanca, donde se encuentra el Cristo de La Habana, una enorme estatua de Jesús que, por ser tan alta, una vez le cayó un rayo encima quebrándole la parte superior de la cabeza, donde, para tapar la avería le amarraron un trapo, dándole así el aspecto de un pirata del Caribe, como si fuera entonces un monumento al famoso pirata francés, Jacques de Sores, que saqueó La Habana colonial en julio del 1555.

El corto animado lo realicé de una duración de diez minutos. Gran parte del mismo con escenas en dibujos animados, pero también utilicé video de escenas reales tomadas por el Noticiero ICAIC durante el paso de un huracán, con excelentes muestras del batir de los vientos, daños ocasionados y tareas de recuperación. En cuanto al sonido se me ocurrió contar la historia que se iba narrando mediante un conjunto de música campesina que iban cantando, como tema central, aquello de “Camarón que se duerme se lo lleva la corriente”. En el Instituto de Meteorología me dieron buena información científica del desarrollo y conducta de esas bestias atmosféricas. Todo eso lo reflejé, expuse y conté en el filme.

Uno de los puntos que me interesó mostrar fue que, meses atrás, la revista Bohemia había publicado un artículo sobre la colaboración técnico-científica entre Cuba y la Unión Soviética, destacando la donación y ayuda del país amigo a nuestra nación de una moderna tecnología soviética espacial para predecir el estado del tiempo mediante el uso de un satélite artificial meteorológico. Desde entonces la prensa cubana publicaba todos los días fotos tomadas desde el espacio, donde se veía el desarrollo de las nubes y sus tormentas: ¡Fantástico! – pensé yo: esto es tan importante, tengo que mostrarlo en el filme, por tanto, pedí me dieran la información al respecto. Eso sería lo mejor de todo, pensaba yo; y el meteorólogo que me atendía me condujo a una camioneta militar rusa color verde olivo estacionada ahí junto al edificio de Meteorología. La camioneta estaba toda cerrada. Era algo así como los “wagons” o vagonetas que se usan hoy día. Tocamos por la puerta trasera del vehículo y desde adentro nos abrieron: allí estaban tres hombres, en un ambiente de oscuridad e iluminados con luz roja, vestidos con uniformes militares: eran los encargados del proceso técnico. Entramos y cerraron la puerta. Eran cubanos y me atendieron con el típico buen humor de nuestra gente, y en medio de la semioscuridad, sólo iluminado con la luz roja, me mostraron lo que estaban haciendo: – El satélite está al pasar – me dijo uno de ellos mirando su reloj pulsera. Y continuó: —Mediante una antena rastreadora que tenemos aquí, tomamos las fotos que el satélite va transmitiendo.

Esperamos un corto tiempo… de pronto el técnico exclamó: —¡Ahí viene! – y de súbito una máquina impresora comenzó a rechinar –prrrchirr— y un negativo fotográfico comenzó a salir de la misma – prrrchirr – luego otra y otra más. Los negros negativos se iban colocando dentro de la cubeta del revelado y de su oscura imagen comenzaban a salir tonos grises y blancos, que eran nubes y otros detalles de la tierra cubana, el mar Caribe, el Golfo de la Florida y el golfo de México. El técnico me mostró el negativo ya en su etapa final. Se veía bien en todos sus detalles. – “¡Perfecto!” – exclamé yo. El técnico agarró un pincel y lo sumergió en tinta china negra, puso el negativo sobre una caja de luz blanca; pero entonces noté algo que me sorprendió: en los bordes del negativo de la fotografía tomada se veían impresos una abreviatura muy conocida: USA – ¡Oh, Oh! – pensé para mí – “Aquí hay gato encerrado” – Aplicando el pincel el técnico los fue tapando pintándolos de negro; al terminar giró su cabeza hacia mí, sus ojos se encontraron con los míos, y con la pícara sonrisa de quién ha hecho una justificada maldad, con un guiño de ojo me dijo: – “Esto que sale aquí nadie lo puede ver, ni tampoco se puede contar”. Y así, con la complicidad requerida en el caso, terminó mi visita al “moderno y sofisticado” sistema satelital soviético donado a la meteorología cubana.

Por supuesto que no lo puse en mi didáctico animado, ni tampoco lo conté. – ¡A nadie! – hasta el día de hoy.

En la Defensa Civil quedaron contentos con el filme y por largo tiempo se puso en los cines y la televisión del país cada vez que comenzaba la temporada de huracanes.

©2021 Hernán Henríquez