La Boda

Hernán H

Las cosas no siempre son como son sino cómo uno se las imagina: Sucedió que Silvia se casaba con su novio Manolo. Al igual que mi esposa Liana, ellos recién se graduaban de Control Económico en la Universidad de La Habana, y nos invitaron a la boda que, como eran católicos, se realizaría en una iglesia. Y así fue, con muchas personas asistentes al evento matrimonial. Pero antes debo aclarar que, al casarme yo con Liana fuimos vivir con su madre, Nena, porque la casa era grande y ella vivía sola con una gata qué, al caer en celo y aparearse con un gato, siempre decía: “Se están casando”.

Pasado un tiempo mí esposa y yo tuvimos gemelos idénticos: niños muy activos e interesados en todo. Y siempre fue así: Liana y Nena, cada vez que veían a la gata apareada con algún gato decían: “Se están casando”. Y así fue, Silvia y Manolo se casaban y nos invitaron a la boda “¿Cómo es eso, se van a casar y nosotros vamos a verlo?”, preguntaron nuestros hijos con gran sorpresa, a lo que Liana les informó: “Se casan en una iglesia”. Al escuchar eso la sorpresa fue mayor “¿En una iglesia?”, preguntó uno de ellos “Porque son católicos y los casa el cura”, explicó Liana y los gemelos se miraron entre sí con ojos muy abiertos, como quien no puede creerlo.

Nena, refinada modista, hizo a los nietos un par de trajes para la ocasión y así, muy bien vestidos, fuimos a la boda. La iglesia se veía con flores, cintas, y gran cantidad de invitados. Nuestros hijos lo miraban todo sin perder pie ni pisada “Pero ¿dónde están Silvia y Manolo?”, preguntaban a cada rato “Los novios no han llegado todavía”, les dijo mi suegra Nena. “Ellos entran cuando suene la “Marcha Nupcial”, les aclaró, y en eso se escucharon los primeros acordes musicales “Vienen los novios”, gritó alguien y los presentes se animaron de inmediato girando sus cabezas hacia la entrada del recinto.

Nuestros hijos trataban de mirar entre las piernas de tanta gente que se apretujaban formando una barrera que les impedía ver “¿Cuándo se casan?”, preguntaban, mientras el novio del brazo de su madre entraba al corredor marchando hacia el altar; luego entraba la novia del brazo de su padre, hasta llegar a donde la esperaban el novio y el sacerdote, mientras mis hijos no dejaban de preguntar: “¿Cuándo se casan?” Mientras tanto la ceremonia seguía cumpliendo todos sus pasos de juramento, anillos, y demás, hasta que terminó la ceremonia con el comienzo de la marcha nupcial de retirada, lluvia de arroz lanzado al aire y nuestros hijos preguntando de nuevo una vez más: “¿Pero, cuándo se casan?” A lo que Liana les aclaró: “Ya se casaron”. Y ellos, con gran frustración y casi al unísono exclamaron: “¡Oh, y yo no lo vi!”