Tío o Sobrino

Hernán H

A finales del 65 vendía yo mi auto, un Plymouth del 40, un año más viejo que yo, por 900 pesos, para con ese dinero más otro que yo tenía comprar algo mejor y miraba el periódico a ver lo que por ahí se ofrecía (por ese entonces todavía había anuncios clasificados) y vi un “Henry J” a la venta, carro de la década del 50. Llamé por teléfono a ver la dirección y allá me fui. Caía la noche; era en un viejo edificio de esos de “La Habana Vieja”; subí al segundo piso buscando el apartamento indicado, toqué la puerta y me abrieron: -Buenas- dije -me llamo Hernán, soy quién llamó para lo del “Henry J” a la venta-: allí vivía una típica familia cubana compuesta de varios miembros: adultos viejos y jóvenes, niños, algún perro o gato. Me atendió un hombre en sus cincuenta años, alto, peinando ya algunas canas, y luego de explicarle el porqué de mi visita me dijo que su sobrino me mostraría el auto. Un agitado joven medio rubio, como en sus treinta, agarró las llaves y me pidió le siguiera. Bajamos las escaleras, salimos a la calle, y luego de dar algunos pasos por la acera bajo el alumbrado público se viró molesto diciendo: -Mire, esto que hace mi tío yo no lo puedo permitir, ese carro tiene la tapa del “block” rajada- ante esas palabras quedé perplejo y le contesté –Agradezco tu honestidad, pero de todas maneras quiero ver el auto- a lo que reaccionó molesto, como si dudara yo de su palabra, pero continuamos andando hasta llegar al carro. Allí estaba, lucía bien de pintura, gomas, vestidura… y en eso llegó el tío saludando con una sonrisa -¿Cómo está la cosa, le gusta el carro? Yo continué mirando por un lado y otro –Si, parece bien- le contesté, y entonces, mirándole a los ojos le pregunté -¿Y por qué lo vende?- a lo que, girando él la cabeza para mirar al joven que se alejaba, me respondió: -¡Es que estoy cansado que mi sobrino esté siempre haciendo uso de mi carro! Le dije que el auto estaba bien, pero no era lo que estaba buscando, y me fui. Pero siempre quedé con la duda de quién me dijo la verdad: ¿El Tío o el Sobrino?