Tronchos de Pescado

Hernán H

En la segunda parte de la década del 60, trabajaba yo como director de películas animadas en el “Departamento de Dibujos Animados”, localizado entonces en los “Estudios Cubanacán” del ICAIC, lugar alejado de la ciudad. Allí un comedor de la empresa nos servía el almuerzo; pero a veces uno quería dejar esa rutina y comer otra cosa. Tenía yo un auto Dodge Kingsway del 1951 y algunas veces salía a comer en otro lugar. Un día, Jorge Carruana, otro de nuestros directores, comentó que sabía de un buen restaurante de mariscos en la “Marina de Barlovento”, atracadero de yates de lujo, por la zona costera de Jaimanitas.  Y allá nos fuimos seis de nosotros en mi auto: Pepe; Tulio; Lucas; Enrique; Carruana; y Hernán, que era yo por supuesto. El tal restaurante era de lujo “¡A todo tren!”. Los camareros vistiendo impecablemente con uniforme, guantes blancos, poses estoicas y serviciales, nos entregaron las elegantes cartas del menú quedando impasibles en espera de nuestras órdenes. La lista mostraba los platos: “Rueda de Aguja al Grillé”; “Langosta Termidor”; “Pargo Sudado Agridulce”; “Cherna al Limón”; “Emperador con Mantequilla en Salsa Verde”; y así otros más, a precios astronómicos, pero entre ellos un discreto y modesto “Troncho de Pescado con Mariquitas y Mayonesa”. -¿Están listos los Señores o necesitan un poco más de tiempo?- nos preguntó con recato uno de los camarero -¡Un poco más por favor!- le suplicamos, todavía revisando el menú. Al final, levantando la cabeza, comenzamos a pedir: -“Tronchos de pescado con mariquitas y mayonesa”- ordenó Tulio;  -“Tronchos de pescado con mariquitas y mayonesa”- pidió Lucas; y así todos uno a uno: -“Tronchos de pescado con mariquitas y mayonesa”- hasta llegar a mí, que pedí  -“Tronchos de pescado con mariquitas y mayonesa”- y por último, Carruana, que pidió “Crema Vicky de Camarones”. Pasada una semana después volvimos al mismo restaurante. Nos sentaron en la misma mesa redonda y cada cual ocupó el mismo asiento que la vez anterior yo con Carruana a mi derecha. Y los mismos elegantes y dignos camareros nos entregaron la lista del menú que revisamos detenidamente y al rato nos preguntan -¿Ya están listos los Señores?- a lo que le respondemos -Un poco más de tiempo, por favor-  y sin decir palabra, quedaba ahí el estoico camarero lápiz en mano esperando por nuestra orden. Luego de un rato de mirar y revisar, todos pedimos, uno a uno, a medida que el disciplinado camarero iba anotando: “Tronchos de Pescado con Mariquitas y Mayonesa” hasta llegar a mí; y entonces para finalizar el camarero le pregunta a Carruana  -“¿Qué desea ordenar el Señor?”-  a lo  Carruana responde -“Crema Vicky de Camarones, por favor”. Esa crema “Vicky” de color rojizo venía servida en un tazón pequeño y  me parecía poco -¿Eso basta para ti, no te quedas con hambre?- le pregunté a Carruana, a lo que me respondió con cara de goloso -¡Si, es poco, pero viene con pedacitos de camarones!

Muchas veces más, el mismo grupo y ocupando los mismos asientos, fuimos a comer al “Barlovento”, y todo ocurrió exactamente igual: Los inalterables camareros esperando nuestro pedido, que luego de mucho mirar el menú, siempre pedimos lo mismo: “Troncho de pescado y mariquitas con mayonesa”. ¿Y Carruana?: “Crema Vicky de Camarones”.