Eduardo Triana

 

Nunca confió en quienes vendían autos. Tampoco en los agentes de bienes raíces. Aún menos en los abogados. Muy poco en los médicos. Escasamente en los dentistas. Casi nada en los predicadores. Nada en los políticos. Sólo creía en sí mismo hasta que en un descuido terminó vendiéndole el alma al diablo. Suerte que, al final, este no se la compró por simple desconfianza.

Desbrujulamiento

Nos reencontramos con muchos quienes, con la mejor de las intenciones, nos preguntan siempre que donde estamos. Ellos no lo saben, pero es ahí donde radica nuestro problema. Tampoco nosotros sabemos donde estamos, porque nunca lo supimos y probablemente nunca lo sabremos. Ni siquiera podemos afirmar que es en la tierra. Fuera de la raíz, el mundo es siempre otra cosa, cualquier cosa.