Obdulio Duparol

 

Todos conocemos a Pinocho y como la nariz le crecía cada vez que decía una mentira. Lo que muchos no saben es que la elongación del apéndice nasal del muñeco explica una paradoja filosófica que le ha quitado el sueño a más de un pensador. La contradicción se puede resumir como sigue, según molasaber.org:

Cuando Pinocho miente, su nariz crece. Pero si Pinocho afirma que su nariz crecerá y no lo hace, estaría mintiendo. Entonces, si es mentira, ésta debería crecer. Y de nuevo, si resulta que crece, está diciendo la verdad y no debería hacerlo.

Más claro ni el agua, ¿no?

Por suerte ni Pinocho, ni su padre, Geppetto, se enteraron nunca de la tal paradoja. No obstante, imaginemos una conversación actual entre ellos sobe el tema:

Pinocho: ¿Por qué me crece la nariz cuando miento, papá?

Geppetto: Pues, hijo… ¡porque mientes!

Pinocho: ¿Y por qué no le pasa lo mismo al resto de la gente?

Geppetto: Bueno… debe ser porque eres el único que fue un muñeco de madera antes de ser niño.

Pinocho: ¡Pero eso no es justo, papá! Hay algunos que mienten y hasta llegan a ser presidentes. ¡Y no les pasa nada! ¡A todos debería crecerles la nariz por igual!

Geppetto: ¿Sí? ¿Cómo nos podríamos las máscaras antivirus entonces? ¡Y ni hablar del distanciamiento social…!

Pinocho: Entonces… el único castigado he sido yo. ¡Tuvo que ser a mí al que la creciera la nariz y que mi nombre se convirtiera en sinónimo de mentiroso! ¡BUAAAA!

Geppetto: No llores, hijo. El Hada Azul te resolvió el problema. Tu nariz ahora es normal.

Pinocho: Sí, es verdad. Pero no me he olvidado del mal rato que pasé. Además, si vuelvo a decir mentiras, me vuelve a crecer.

Geppetto: Mira, quizás te consuele saber que, aunque a los demás la nariz no les crezca por fuera, todos, pero absolutamente todos, somos narizones por dentro.

Así mismito es, mi querido Geppetto. Unos lo tienen más grande y otros más pequeño, pero todos llevamos un Pinocho en el alma, aunque seamos ñatos.

Paradójico, ¿verdad?