Obdulio Duparol

 

La noticia le dio la vuelta al mundo el martes 8 de diciembre: una jovencita de 90 años en Gran Bretaña fue la primera persona en recibir la vacuna Pfizer contra el Covid-19. Mientras la humanidad observaba esperanzada, logré contactar por teléfono a Margaret Keenan, que así se llama la joven. Y me disculpan los que pensaron que la entrevista era a cierta-primera-dama, esposa de cierto presidente-con-días-contados: ella no tiene mucho que decir a estas alturas del partido. En fin, aquí les dejo las impresiones de la señora Keenan luego de recibir la inyección:

Obdulio: ¿Cómo se siente, Doña Margaret?

Margaret: Para empezar, ahórrate el “Doña”. Eso es para viejas. Con Maggie es suficiente, ¿ok?

Obdulio: De acuerdo. Dígame, Maggie, ¿cómo se siente después del pinchazo?

Margaret: ¡Muy bien! Ni lo sentí. Esa enfermera tiene muy buena mano. ¡Te la recomiendo!

Obdulio: ¿Le alegra saber que ha pasado a la historia?

Margaret: ¿La enfermera o yo?

Obdulio: Bueno… las dos. Pero ahora me interesa usted.

Margaret: ¿Quién no se va a alegrar de eso, niño? Ya declaré que me sentía privilegiada de ser la primera persona en recibir la vacuna. ¿No se te ocurre otra tontería?

Obdulio: Eh… ¿cuáles son sus planes futuros?

Margaret: ¡Ja! Me hubiera extrañado que no te aparecieras con alguna nueva bobería. A ver, quiero hacer algunas cosillas, también por primera vez: darle la vuelta al mundo en bicicleta, escalar el Everest, viajar a la Luna y convertirme en la Primera Ministra de este país.

Obdulio: ¿Todo eso…?

Margaret: No. Pero a preguntas tontas, respuestas inverosímiles. Y hasta aquí llegó tu entrevista, amiguito. Tengo que irme a terminar las compras navideñas. ¡Chao!

Y, sin más, me colgó. Adorable la doña, ¿no es cierto?

Perdón… Maggie.