Wilfredo Torres

 

Cuando me planteé la posibilidad de publicar algo sobre Carlos Villar Alemán (más conocido entre los amantes de la caricatura y el humor como Carlucho), valoré varias opciones, algo así como me quiere no me quiere, deshojando margaritas, o qué me compraré, de la famosa Cucarachita Martina.

¿Hacerle una entrevista formal? ¿Escribir sobre las vivencias de ambos en torno a su vida? ¿Publicar su currículo más un grupo de sus dibujos?

Me era difícil abordarlo después de que por decisión propia estuviera tanto tiempo en las sombras del género humorístico.  Sentía la necesidad de ser cortés y cuidadoso en nuestro pedido. Increíblemente (y por suerte), él mismo me dio la solución.

Torres, escribe lo que tú creas y dale el tono cercano de nuestra amistad. No hagas nada estricto ni edulcorante.

Le tomé la palabra y he emborronado varias cuartillas sobre el Carlucho de mis afectos, su vida y aportes en el humor. Allá va eso…

Mi Amigo Carlucho

El Marciano más terrícola que he conocido y yo nos dimos un apretón de manos, por primera vez, en el año 1970. En aquel momento, la publicación para la que ambos laborábamos (suplemento humorístico dedeté), estaba en ciernes y Carlucho comenzaba a crear lo que después se convertiría en una de las obras caricaturescas más importantes y sui generis del ámbito satírico cubano del siglo XX.

Además, y muy junto a nosotros, en aquel primer equipo del dedeté, cohabitaban, Juan Padrón, Tomás Rodríguez Zayas (Tomy), Virgilio Martínez, Janer, Manuel Hernández, entre otros que, como colaboradores, trataban de impulsar y darle carácter y criterio a la naciente publicación. Entre ellos estaba el Gallego Posada, Hernán H y su GUGULANDIA, Luis Ruiz, Lázaro (el primer humorista no profesional en colaborar con dedeté), más otros que escapan a mi memoria.

El ambiente era, con exactitud, un caldo de cultivo para la creación, pues aunaba a los que para mí han sido y serán tipos geniales del humorismo gráfico. Yo no sabía realmente que hacía inmerso en ese mundo y esa vorágine creativa. Había llegado del Servicio Militar Obligatorio (SMO) y estaba verdecito todavía. Aprendí a observar, a aprender de todos y no hablar. Lo mío era aprender y aprender….

Viví el nacimiento del artista Carlucho, su evolución y por suerte, también estuve el día en que nos presentó a Virgilio Martínez y a mí, lo que consideramos ya su estilo definitivo (palabras textuales de Virgilio), quien fungía como director creativo del dedeté en esos momentos. Había salido del aprendizaje para convertirse en un excelente dibujante, de la noche a la mañana.

Desde el inicio nos hicimos muy amigos. Nos unían lazos como el que los dos proveníamos del Servicio Militar Obligatorio, nos gustaba el mismo tipo de música, leíamos similares textos y los mismos autores… Empatía se llama eso.

Todo este proceso inicial hay que decir que ocurría en un ambiente de camaradería y colaboración y creo firmemente en que, pese a todos los contratiempos, el dedeté sobrevivió gracias a estas cualidades de los integrantes del equipo. Todos estábamos creciendo al unísono y no había rivalidades ni envidias mezquinas.

En este marco tuve la oportunidad y el honor de presenciar una conversación, tal vez intrascendente para otra persona, pero no para mí, entre Carlucho y Padroncito. (No hay que explicar quién es Juan Padrón, las palabras deberían sobrar, pero por si acaso, es el creador de Elpidio Valdés… ¿les suena?).

Ocurrió que Padroncito y Carlucho dialogaban sobre el dibujo de este último y de cómo solucionar problemas espaciales y de composición. Los que conocemos un poco de arte, sabemos que lo que se estudia como dibujo y composición en una carrera de arte, cambia en el dibujo satírico y no se ajusta totalmente a la teoría. Esta se altera de forma misteriosa y uno tiene que aprender a mover su estilo y por ende su línea con nuevos cánones, a partir de los mismos cimientos estudiados, pero con variaciones de acuerdo con el estilo particular de cada cual.

Eso precisamente era lo que le explicaba Padrón a Carlucho. Además, le aconsejaba cómo limpiar el chiste para que fuera más comprensible. En este dialogar entre pesos pesados del humor, yo me limitaba a escuchar. Creo firmemente hoy, que esta charla fue una clase magistral de arte.

Para mí, Carlucho es un genio como todos los que confluyeron en la publicación en esos tiempos y crearon lo que hoy es el mito dedeté.

Realmente y dentro de su mundo carlucheano, él no se lo cree. Es el tipo más modesto del mundo y recién cuando nos reencontramos, tras más de 20 años, se había dado el lujo imperdonable de abandonar su trabajo como humorista satírico.

Nuestro encuentro, después de tanto tiempo, transcurrió como si solo nos hubiéramos dejado de ver unas cuantas horas. Todo fluyó igual y la amistad y complicidad en torno al humor renació al instante.

La palabra amigo no es fácil de afirmar. Todos los conocidos no son amigos. Estoy seguro de que Carlucho y yo somos amigos. Mis reuniones con él, ahora por suerte más frecuentes, están llenas de reflexiones y de risas. Se han convertido en oasis dentro de todas las tensiones del diario quehacer.

Hablar del estilo Carlucho no es muy complicado. Al menos para mí. Su línea es limpia y su estilo está exento de texturas. Pudiera pensarse que, en el fondo, hay un poco de Saul Steinberg, el gran dibujante rumano, por las soluciones que aplica. Sus perspectivas y enfoques son impresionantes. Carlucho es capaz de reinterpretar un dibujo desde todos los puntos de vista posibles y que este no pierda su esencia.

Con los años, su dibujo fue alineándose cada vez más hacia la caricatura. Al principio era muy cercano al dibujo en el género de historietas y comics, aunque en el fondo este criterio siempre puja por salir de una forma u otra en sus creaciones. El uso del color es puntual y apunta a la solución del chiste. El manejo de la figura y los espacios resulta alucinante y solo se puede comprender este punto cuando se tiene la oportunidad de verlo dibujar de un solo trazo en espacios monumentales, sin equívocos ni borrones, con perspectivas perfectas. Logra crear espacios claves y dibujos bellos y llenos de gracia y humor. Es un maestro inmenso del dibujo satírico.

Mientras cenábamos juntos, uno de estos días, Carlucho me comentaba que el hecho de que en los años 70tas se hubiesen reunido tantos talentos en el dedeté, la mítica publicación, fue una casualidad del destino y que él creía que eso ocurre en pocas ocasiones.

Por supuesto, extraño aquellos tiempos pero el mejor resultado de aquellas jornadas es la cantidad de amigos que allí se forjó.

Dijo que, aunque no es muy dado a hablar por teléfono ni escribir emails ni usar Facebook u otras redes sociales, siempre los tiene presente. Escríbelo, para que lo sepan.

Lograr involucrar a Carlucho en el proyecto de DosBufones, la revista online, no es para nada fácil. Sus palabras textuales al conocer mi idea fueron… Torres, yo no extraño dibujar.

Coño que tipo este… Para mí, Carlucho es un Marciano con un talento terrícola inusual. Gloria a los que lo ayudaron a formarse para entregarnos un genio de su clase y categoría.

Hoy en dia he aprendido a respetar las decisiones ajenas y ya he superado los impulsos juveniles de tratar de imponer no ya un estilo de pensar, sino una forma de vida y expresión. Mi amigo, si bien ya hoy no dibuja para multitudes sus dibujos de humor, trabaja con personas discapacitadas enseñándoles que existe un mundo llamado arte. Carlucho es un humanista más que humorista. En eso se ha convertido y su gran corazón ha crecido.

Ojalá algún día pueda decir que Carlucho está de vuelta, pero les digo, no lo creo, va a ser muy difícil. Ha crecido mucho.

 

Nota. Los dibujos publicados en este articulo son obras realizadas durante su permanencia en dedeté.