Obdulio Duparol

 

Yo pensaba que lo peor que se puede hacer cuando uno va al timón de un auto es cortarse las uñas de los pies con una katana japonesa o enviar un mensaje de texto de trescientas cincuenta palabras con los ojos cerrados. Pero parece que no. Hay cosas peores, en las que la realidad desafía a la ficción más aberrante.  Como esta historia que la dilecta D. Sunshine me envió desde New Jersey hace unos años y estoy reciclando ahora, porque es inédita para DosBufones y no está nada mal, la verdad.

 

Resulta que una señora chocó el carro que conducía contra un camión en la carretera de los cayos de la Florida porque se estaba rasurando el área de la pelvis que no cubre el bikini. O sea… ahí. ¿Adivinaron? Cuando la policía la interrogó, la señora alegó que estaba alistándose para una cita con un galán.

 

Pero la cosa no paró ahí. La señora de esta historia no viajaba sola en el auto. A su lado, como copiloto, llevaba sentado nada menos que a… (¡TA-TAN!) ¡su exesposo! La señora le encargó que agarrara el timón mientras ella se afeitaba. ¡Qué tipo más buena gente, chico! Parece que el hombre se distrajo mirando hacia donde no debía y por eso se produjo el accidente. El excónyuge trató entonces de cambiar de asiento con la señora antes que llegara la policía, pero las marcas de la bolsa de aire en su pecho lo delataron.  Además, no pudo explicar coherentemente de dónde había salido todo aquel cabello de un color diferente al suyo.

 

Pero la cosa tampoco terminó ahí, nooooo. Los agentes del orden descubrieron que la señora de esta historia tenía la licencia de conducción suspendida, que el día anterior la habían arrestado por conducir en estado de embriaguez, que el auto no tenía ni matrícula, ni estaba asegurado, ni la cabeza de un pato y que, por último, la doña… (de nuevo, ¡TA-TAN!) ¡estaba en libertad condicional! Casi nada.

 

En resumen, que la señora rasurada y su exesposo forman una de las parejas más lúcidas e inteligentes de la historia contemporánea. Estoy seguro de que, si todavía andan sueltos por ahí, serán parte del contingente de terraplanistas y anti-vacunas.

 

No quiero imaginarme al galán con el que la doña tenía la cita.