Obdulio Duparol

 

Ya sé que no existe nada perfecto en este mundo, pero si a mí no me gustara el capitalismo, no hubiera venido a los Estados Unidos. Me hubiera quedado viviendo en la Isla el resto de mi vida, tratando de sobrevivir en una dictadura geriátrica, disfrazada de socialismo tropical.

Pero por suerte no fue así. Pude emigrar y en cuanto llegué a los dear old USA sentí que volvía a nacer. Y no es que yo sea un negociante de raza, ni que haya cruzado el Estrecho de la Florida para abrir una empresa en esta orilla. Pero cualquier cosa es preferible a aquello de allá. Y eso que la mentalidad capitalista, testadura como es, siempre se las arregla por salir a flote, incluso en la Isla. Después de todo, hacer negocios es innato en el ser humano. Y si no, que lo digan los fenicios.

Ahora bien, el hecho de que yo me sienta bien en el capitalismo made in USA no significa que me deshaga en loas a las leyes del mercado. Lo que trae a colación cierta gigantesca compañía de la que todos dependemos hoy día. Sí, ésa misma: Amazon.

Pues bien, por pura curiosidad, me puse a buscar si Amazon vendía burqas, o burcas, o como diablos se escriban esos ropajes que han sido el último grito de la moda en los países islámicos desde la Edad Media. Pues para mi sorpresa mayúscula, sí que las venden. No tienen una gran diversidad de modelos ni colores, ya sabemos lo austeros que son por aquellas tierras, pero ahí están, listas para traérselas hasta la puerta de su casa en 24 horas, si así lo desea.

No me quedó claro si Amazon puede entregar las prendas en Kabul u otras ciudades afganas, pero no me queda duda de que si a Bezos y compañía los talibanes les dan luz verde, inundan el mercado afgano de burqas made in China en menos de una semana.

Cualquier cosa con tal de hacer un billete, ¿no Jeff? ¡Y que se jodan las mujeres afganas!

Aún más, si es posible.